miércoles, 23 de septiembre de 2009

La insoportable levedad del software

Un amigo, consultor para más señas, me ha remitido con cierta preocupación la noticia de que un Juzgado de Primera Instancia de Vitoria ha condenado a una importante consultora multinacional por "abandono de obra", al no completar la instalación del paquete informático de gestión empresarial SAP en los términos concertados con una empresa cliente.

La historia, que se repite a diario en muchos sitios, incluye retrasos, cambios en el alcance del proyecto, renegociaciones del plazo y del precio, rotaciones del personal, y al final un proyecto empantanado que la consultora dio por concluido sin haber satisfecho los requisitos iniciales.

ContratoLa novedad en la sentencia (aún no firme) es que equipara la implantación de software a la realización de una obra y no a un mero servicio, siendo exigible "un cumplimiento perfecto, no defectuoso, que en todo caso se ajuste a las necesidades de la empresa cliente, y siempre dentro del plazo acordado".

Esta sentencia constituye un significativo precedente, pues señala la responsabilidad de la consultora informática en el caso de que no se consiga el resultado acordado, con independencia de que dicho resultado deba obtenerse mediante operaciones y trabajos no previstos o presupuestados inicialmente.

Esto que puede parecer razonable, es ciencia ficción en la vida real. Los servicios informáticos realizados a plena satisfacción del cliente, cumpliendo plazos y presupuestos... no existen. Pero es algo que se tolera, y que incluso se tiene asumido en el momento de la contratación.

La Administración Pública no se libra de estos pecados, aunque me atrevo a afirmar que por su naturaleza burocrática e interventora se revisan más las ofertas de licitación, aumentando las escasas posibilidades de cumplir / hacer cumplir lo pactado.

De todas formas, las responsabilades no siempre hay que buscarlas en el lado de la contrata. He visto ofertas de licitación pública que (por desconocimiento, dejadez, o lo que fuere) han estipulado condiciones imposibles o disparatadas en los pliegos de contratación.

Aquí, una empresa perfectamente honesta se abstendría de licitar o indicaría en su oferta la imposibilidad de cumplir determinada cláusula. En este último caso quedaría excluida (pues ella misma declara que no va a cumplir lo estipulado en los pliegos), mientras que otra empresa que recoja en su oferta el clásico "Sí a todo", se llevará el contrato y después negociará las condiciones reales del servicio. Al fin y al cabo, "lo que no se puede, no se puede" y el contratista lo que querrá es que el proyecto salga adelante.

Es cierto que a menudo los servicios informáticos son algo difícil de precisar a priori, pero justamente por eso, tanto quienes los demandan como quienes los ofrecen deberían hacer un esfuerzo extra para precisar los términos del contrato. Y si es con la Administración más aún, pues las consecuencias de un incumplimiento pueden suponer importantes penalizaciones.