
El CEF ha publicado un estudio sobre las 10 toxinas o comportamientos nocivos que más afectan a las organizaciones modernas.
Los datos se han obtenido de cerca de 1500 encuestas, referidas a los problemas reales que los encuestados sufren en su puesto de trabajo actual.
Los resultados han sido los siguientes:
- 1. La mala comunicación interna (62%)
- 2. La desmotivación de los empleados (51%)
- 3. La mala organización del trabajo (49%)
- 4. La incompetencia como líderes de los directivos (39%)
- 5. La deficiente distribución de tareas (39%)
- 6. La desconfianza de los jefes hacia los empleados (35%)
- 7. El salario igual, sin tener en cuenta el rendimiento individual (35%)
- 8. El conformismo o apoltronamiento de los empleados (34%)
- 9. La imposibilidad de desarrollar una carrera profesional (33%)
- 10. Los rumores (32%)
El estudio se centra sobre las empresas, pero seguramente los resultados en las Administraciones Públicas hubiesen sido similares.
El problema añadido de la Administración es la rigidez a la hora de organizar el trabajo, retribuir el especial rendimiento (o la falta del mismo), o en general salirse de la norma para conseguir mejores resultados.
El ya no tan reciente Estatuto Básico del Empleado Público abre la puerta a las evaluaciones del desempeño y a desarrollar mecanismos de carrera horizontal. ¿Será suficiente?
3 comentarios:
se suma a todo lo anterior el acoso laboral y la corrupción existente en la administración pública, vestida de nepotismo, clientelismo, pasividad de los sindicatos. Se calcula que el 10 % de los empleados públicos padecen actitudes de acoso laboral.
http://www.corruptio.com
Plataforma contra el acoso laboral y la corrupción en la universidad pública española
Algo habría que hacer, si, pero tras una reflexión somera, se me plantean dos cuestiones:
¿Existen los mecanismos legales, reglamentarios, etc, para hacerlo?, y en caso de respuesta afirmativa a la primera cuestión, ¿se estaría dispuesto, por parte de quien le competa en cada caso, a afrontar esa tarea no exenta de presiones de otros compañeros, de papeleos, de discutir con representantes sindicales, de enfrentarse a superiores ( a veces de un marcado caracter político )?.
En fin, lo digo porque al principio todo el mundo ve muy bien que otro tome estas iniciativas, pero final nadie quiere problemas, te ves solo, y sin saber si eres medio Quijote o medio gil.
Esto es muy duro, porque en el caso de la administración siempre se va a estar en el ojo de la opinión pública, que no entiende que las mismas miserias se dan en el submundo privado. Las formas también importan en la administración pública, y atajando, al menos en parte, estas "Diez Toxinas" laborales, se habría ganado en calidad de la organización y de la imagen de la administración enormemente.
Ya os podeis inflar de asistir a seminarios de ITIL y certificaros en el máximo nivel de madurez de cualquier metodología, que si no se atacan estos 10 tóxicos, será predicar en el desierto, y aumentar la frustración dentro de la casa, y las maledicencias fuera de ella.
Saludos.
@Anónimo:
Tienes razón. Para mí el acoso y la corrupción son algo más que una enfermedad laboral... son delitos que deberían perseguirse caiga quien caiga.
@Bacterio:
Muy buen comentario. Efectivamente, muchas veces lo que falta es la voluntad para perseguir y terminar con determinados comportamientos indeseables.
Aunque claro, decirlo es muy fácil, pero hacerlo... :)
Hay numerosas faltas disciplinarias que pueden acarrear la expulsión del funcionario. ¿Por qué entonces no ocurre casi nunca (salvo pilladas con la mano en la caja)?
Existe una cultura generalizada de permisividad e inevitabilidad muy difícil de cambiar. Para hacerlo debería impulsarse fuertemente desde el ámbito político. La cacareada implantación de la evalución del desempeño podría ser una buena vía de entrada.
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